El Cine Tuyo, Mío y Vuestro

El séptimo arte, para todos nosotros.

viernes, mayo 01, 2015

Avengers: Age of Ultron: Grande, grande, GRANDE

A mitad de camino de Avengers: Age of Ultron, el titular villano, un robot con la más avanzada inteligencia artificial conocida al ser humano con la voz y personalidad de Red Reddington (perdón, James Spader) explica cuál es su justificación para lo que hace: el ser humano debe evolucionar, y para eso se debe extinguir. “Hasta los dinosaurios tuvieron su oportunidad antes de ellos”, dice. Y así casi puedo resumir esta película, que cierra la Fase II de Marvel Studios: muy cerca de perderse dado su enorme tamaño, pero tan fascinante y emocionante en tantas otras cosas que funciona en casi todos los niveles.

Al inicio de la película, los Vengadores están cazando a los últimos remanentes de Hydra, y llegan a la ficticia nación de Europa oriental de Sakovia, donde el barón von Strucker (Thomas Kretschman) ha estado experimentando con el cetro de Loki, desparecido desde la primera película. Cuando el equipo llega, descubre que ha experimentado con sujetos humanos, de los que sólo dos han sobrevivido, los gemelos Wanda (Elizabeth Olsen) y Piotr Maximoff (Aaron Taylor-Johnson). La primera logra manipular la mente de Tony Stark (Robert Downey, Jr.) para mostrarle que eventualmente el universo repetirá los eventos de la Batalla de Nueva York, y quizá incluso los Héroes Más Poderosos de la Tierra sean suficiente. Así que Tony decide pedirle ayuda a Bruce Banner (Mark Ruffalo) y a su asistente virtual Jarvis (voz de Paul Bettany) a crear una inteligencia artificial que pueda servir como un escudo para la Tierra –lo que resulta en Ultron.

Lo que sigue después es una serie de cameos de otros héroes de películas anteriores, posibles villanos futuros y escena tras escena en todas partes del mundo con menos sensación de humor y diversión que la anterior, lo que convierte a Age of Ultron en algo peligrosamente cerca a una enorme bestia de múltiples colores que puede acabar con todo lo bueno que el estudio ha construido con tanto amor. Pero es la hábil dirección de Joss Whedon mantiene todos los personajes centrados, la historia coherente y el humor constante, aún en los momentos más oscuros (y vaya que los hay, mucho más que la anterior), para que aún sea una experiencia genial en el cine. No digo que no haya algunas inconsistencias en el guión –no terminé de quedar convencido con la relación entre Hulk y la Viuda Negra (Scarlett Johansson), aunque la química entre ambos no se puede negar (algo que extiendo a todo el elenco, se nota que ya son auténticos panas)—pero todo se resuelve de manera satisfactoria, así sea, al clásico estilo Whedon, a cierto precio.

Lo que más agradezco de esta película es que ahora sí tenemos un Hawkeye del que nos podemos orgullecer, pues Jeremy Renner se roba cada escena en la que está y quizá dándonos la mayor sorpresa de la peli (además de la escena de los créditos). Si acaso alguien sale mal pagado es Chris Hemsworth, pues Thor no es tan prominente aquí como en la anterior, aunque aún así tiene buenos momentos para brillar. Ya hablé sobre la buena relación entre Johansson y Ruffalo, además de lucirse en sus propios momentos. Y por favor, RDJ y Chris Evans (Capitán América) ya pueden hacer sus papeles dormidos y amarrados y aún les saldrían bien.

Así que hablemos de los jugadores nuevos. Paul Bettany finalmente aparece en cuerpo presente, luego de prestar su voz a Jarvis desde Iron Man, como el androide Vision, y es apropiadamente genial. Johnson y Olsen ciertamente actúan como hermanos, y tienen las personalidades de sus personajes bastante precisas: Piotr es un tipo arrogante con el corazón de oro bien oculto, mientras que Wanda es adecuadamente misteriosa, distante y con un toque de coquetería, que Olsen es tan buena haciendo. Johnson me impresiona en su versatilidad, dada su segunda vez como superhéroe, pero Quicksil… em, Piotr no es nada como Kick-ass (o como su equivalente en The Wolverine; allá es un mutante, aquí son “mejorados”).

Y James Spader se nota, como siempre, que está gozando un mundo como el villano, y en momentos logra sonar hasta encantador. Quizá su defecto es que, como le leí a John Manuel Silva, muchas veces se comporta más como un adolescente malcriado que un villano ultrapoderoso, pero quizá ese sea el punto. Exuda maldad y asco hacia la raza humana, pero a la vez hace un esfuerzo por justificar su punto de vista, así sea con un tono brutalmente condescendiente y actos simplemente brutales.

No hay forma que ustedes dejen de ver esta película, en especial porque vale la pena cada instante de pantalla. Pero considerando que sus secuelas, Avengers: Infinity Wars, que vienen en 2018 y 2019, van a traer a todos, TODOS los héroes juntos en contra de la gran amenaza que va a ser Thanos (Josh Brolin), espero que se pueda controlar la dimensión que va a tener, pues aquí estuvieron amenazando con descarrilarse. Ya me bastó con Iron Man 2, Marvel, no me la calo más.

Avengers: Age of Ultron se estrena el 1° de mayo en las principales salas del país, con las actuaciones de Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, James Spader y Samuel L. Jackson como Nick Fury, con apariciones de Don Cheadle, Anthony Mackie, Andy Serkis y Thomas Kretschman, todos bajo la dirección de Joss Whedon.

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jueves, abril 16, 2015

Kingsman: The Secret Service: 007 para esta generación

Hay un momento meta en Kingsman: The Secret Service, la nueva película del director Matthew Vaughn (Kickass) donde el agente Galahad (Colin Firth) conversa con el villano Valentine (Samuel L. Jackson) sobre las viejas películas de espionaje, y literalmente hacen una referencia a las películas viejas de James Bond, sobre cómo disfrutaban verlas. Para aquellos que creen que todo empezó con Daniel Craig o incluso Pierce Brosnan, durante finales de los años 70 y gran parte de los 80, las películas del agente 007 eran protagonizadas por Roger Moore, sucesor de Sean Connery, y el tono en la mayoría cambió del intenso sarcasmo que traía Connery a uno más payaso. Nada más con el título de una de las últimas de Moore, Octopussy, ya se hacen una idea.

Kingsman hace un homenaje a esas viejas películas de Bond inculcándole el extremismo por la acción que requieren las películas modernas. Vaughn nuevamente usa su frenético estilo de edición y unas increíbles movidas de cámara para hacer lo que puedo decir sin duda ha sido lo que más he gozado en un cine desde Avengers y ciertamente espero que hayan muchas más en este universo.

Hay una sociedad ultrasecreta de espías que ha ayudado al mundo desde el siglo XIX sin asociación a
ningún gobierno que acaba de perder a uno de sus miembros, así que toca empezar a escoger reclutas. Galahad presenta ante su líder, Arthur (Sir Michael Caine) al hijo de un antiguo compañero, un adolescente rebelde que se hace llamar Eggsy (Taron Egerton), como el nuevo agente, al mismo tiempo que Valentine, un multimillonario experto en telecomunicaciones, que presenta una nueva amenaza mundial. Pero primero Eggsy deberá superar a otros candidatos al riguroso entrenamiento de Merlín (Mark Strong) y además tolerar el maltrato que recibe su madre (Samantha Womack) a manos de su brutal y evidentemente criminal padrastro (Geoff Bell).

Vaughn nuevamente adapta un cómic de Mark Millar haciendo lo mismo que hizo con Kickass: enfocándose en capturar el espíritu de la creación de Millar e igualar la frenética acción de la pantalla con una cámara que se mete en cada acción que se pueda, junto con una amenaza que se siente como real y una historia coherente (dentro de lo que cabe), y lo mezcla con un elenco que evidentemente se divirtió haciendo una película para espías con toda la seriedad que implica el caso. Principal entre estos está Firth, quien se estrena de la mejor manera en el género de acción de manera perfecta usando su clásico estoicismo inglés mezclado con una enorme habilidad de caerse a coñazos (una escena en una iglesia, de la que se ve un atisbo en el trailer, debe verse para creerse, en especial porque Firth se mantiene impertérrito en ella). No sé cuánto es realmente él en las escenas y quiénes un doble, pero yo vería a Colin Firth repartiendo patadas hasta el fin de los tiempos.

Egerton se defiende bien, por su parte, no sólo en el aspecto físico, que no viene a relucir en realidad sino en la parte final de la película, sino en su actitud de "malandro" inglés con un buen sentido del humor, aunque claro, sus fallas como actor son evidentes cuando ha de compartir escena con gigantes como Caine y Firth. Sin embargo es su primera película grande, así que tiene tiempo para crecer. denle un chance. Curiosamente, lo que me pareció lo más flojo de la película fue Jackson, quien por alguna razón decidió hablar con un extraño defecto en el habla y vestirse como un adolescente. Está bien, a lo mejor ese era el personaje que tenía que hacer, pero uno que está acostumbrado a que Jackson siempre ha sido una figura tenebrosa cuando hace de villano... No puedo negar que se nota que está comprometido con el papel, y tiene unos momentos tan divertidos y a la vez tan oscuros que no pude evitar reírme al mismo tiempo que me sentía mal.

Al final, Kingsman mezcla lo absurdo con lo realista con el solo propósito de entretener, y lo logra de mil maneras distintas. Supongo que eso pasa cuando muestra la muerte de un prominente líder mundial de la manera más espectacular y nadie ni batió una pestaña. Todo el mundo sabe que es por pura diversión, relájense. En serio, se los suplico, no se la pierdan.

Kingsman: The Secret Service se estrena este viernes en las principales salas del país. Con Colin Firth, Taron Egerton, Mark Strong, Samuel L. Jackson, Sir Michael Caine y Sofía Boutella, con una aparición especial de Mark Hamill. Dirigida por Matthew Vaughn.


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viernes, febrero 20, 2015

Camino al Oscar: Foxcatcher

Es muy, muy jodido vivir a la sombra de alguien cercano a ti, o sentir que no aprecian tus esfuerzos por lucirte en algo que amas. Puede ejercer fuerte presión sobre tu psiquis, en especial si todos tus esfuerzos terminan en vano. Puedes llegar a lastimarte a ti mismo o a los demás.

Esa es la premisa de la que parte Foxcatcher, la nueva cinta del director Bennett Miller (Capote, Moneyball), basada en el caso real que involucró al multimillonario John duPont y a los hermanos Dave y Mark Schultz, ganadores del oro en las Olimpíadas de 1984, cuyos mayores méritos son (a) haberle dado a Steve Carrell su primer papel dramático de peso (Dan In Real Life no cuenta) y (b) restaurar un poco más la fe que tenemos en Channing Tatum.

Mark Schultz (Tatum) está frustrado, pues tres años después que ganó la medalla de oro junto a su hermano Dave (Mark Ruffalo) aún no ha logrado el respeto que está seguro se merece. El hecho que su hermano parece haber logrado todo lo que él no ha podido –el respeto de la federación, el cariño y el respeto de sus compañeros, una esposa y dos hijos— no ayuda. Pero un día recibe un llamado que John duPont (Carrell), heredero de la más importante familia de la industria química del país, quiere reunirse con él, para que entrenen en su enorme propiedad (llamada Foxcatcher) para traerle el oro de vuelta a EEUU en las Olimpíadas de Seúl de 1988.

Hasta ahí todo va muy bien. Mark aprecia el apoyo que está recibiendo de John, a pesar de sus excentricidades y extrañas obsesiones. Cuando finalmente convence a Dave de venir a ayudar a entrenar al próximo equipo, el hermano mayor ve con preocupación tanto el comportamiento de John como la influencia que tiene sobre Mark, quien además está empezando a verse progresivamente más deprimido. Es una mezcla para una tragedia; la pregunta es quién saldrá más lastimado.

La primera palabra en la que pensé al salir de Foxcatcher fue “sombría”. La sola historia –contada a partir de un guión de E. Max Frye (Amos & Andrew) y Dan Futterman (Capote) — ya lo es, pero es la fotografía de Grieg Faser (Zero Dark Thirty) contribuye a todo el tono. La película es casi absolutamente carente de algo parecido a alegría, ni siquiera en momentos de triunfo, y vives sintiendo que algo malo va a pasar. Dave casi nunca sonríe, duPont sonríe apenas a medias y cuando hay una celebración se siente falsa.

Vean esta película sólo por las actuaciones, porque los tres se lucen. Sí, Carrell es casi irreconocible, aunque en parte es porque su enorme nariz prostética distrae un poco, pero se metió en el alma perturbada de John duPont a todo dar, y su nominación al Oscar está más que merecida (pero no es jamás la que dio Jim Carrey en Man In The Moon, lo siento; entonces, ¿qué tiene Carrell que Carrey no?); sin embargo, puede acusársele de ser si acaso de una sola nota, sin muchos matices. Tatum lo hace un poco mejor, haciendo de un hombre que a la vez trata de imponer una figura amenazante pero no se encuentra cómodo en su propio cuerpo, a raíz de sus propias inseguridades. Así que de acuerdo, el pana sabe actuar y no sólo como comediante. Aún no te perdono G.I. Joe, chamo, eso sí.

El ganador aquí es otra vez Ruffalo, para mí, un actor que consistentemente da buen trabajo en cuanta película aparece, ya sea una burda comedia romántica, dramas como The Normal Heart, una dramedia como The Kids Are Alright, extrañeces como Eternal Sunshine of the Spotless Mind o, sabes, The Avengers. Los refiero a una escena donde Dave debe destacar el trabajo de duPont en las instalaciones, y la mirada perturbada de Ruffalo, para ver por qué es tan buen actor. Dave sabe que lo que está diciendo es mentira, que todo es una farsa, y no soporta tener que seguirla, y Ruffalo transmite todo el dolor en sus ojos. Gracias a ello logró su segunda nominación al Oscar, y otra vez, más que merecida, y en un mundo donde no existieran ni J.K. Simmons ni Edward Norton, este sería su año.

¿Es una película que debería verse? Sin duda, pero a diferencia de las dos anteriores de Miller, no es una que volveré a ver, y su nominación como Mejor Director es de las incomprensibles de este año (sin que Foxcatcher fuera nominada a Mejor Película). Es digna por la actuación de sus protagonistas, y la historia, por trágica que pueda ser, es innegablemente fascinante. Háganse un favor: no googleen nada sobre ella, no busquen qué pasó en la vida real y véanla sin saber. Puede que la aprecien más.

Foxcatcher se estrena el 20 de febrero en Venezuela, y es protagonizada por Channing Tatum, Steve Carrell y Mark Ruffalo, bajo la dirección de Bennett Miller.

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jueves, febrero 19, 2015

Camino al Oscar: Whiplash

El novelista Albert Camus es famoso por haberle escrito una carta a su profesor de primaria cuando ganó el Nobel de Literatura en 1957, agradeciéndole su inspiración y su apoyo cuando empezaba en el mundo de la escritura. Ejemplos como este abundan en el mundo, de alumnos agradecidos con sus mentores de haberlos puesto en el camino correcto hacia la grandeza, siguiendo sus pasiones.

Creo que es sano asumir que Irwin Fletcher no recibirá ni una tarjeta de Navidad.

Fletcher, interpretado con aterradora genialidad por el favorito de este blog, J.K. Simmons, está al centro de Whiplash, el segundo largometraje del joven cineasta Damien Chazelle que arrasó el año pasado en Sundance y es la película más pequeña en recibir una nominación a Mejor Película en los Oscars de este año. Y en un mundo perfecto, tendría muchísima más oportunidad, pues es absolutamente electrizante y hecha con la precisión de… bueno, de una orquesta de jazz.

Andrew Neimann (Miles Teller) sólo tiene la grandeza en su mira. Quiere estar al nivel de los grandes bateristas de jazz del mundo, y nada menos que eso. Así que se inscribe en la academia de música más prestigiosa de Nueva York, donde choca de frente con Fletcher (Simmons), un instructor de jazz con complejo de sargento de entrenamiento salido de la más pura imaginación de George R.R. Martin.

Pero debajo de ese comportamiento obsesivo, hay un mensaje de inconformismo que hace de Whiplash mucho más que una mezcla de Bird con Full Metal Jacket. Andrew se dedica a perseguir sus sueños sin importar las consecuencias, sin mirar atrás, sin importar a quién lastimes, sin siquiera reconocer el efecto que pueda tener sobre su padre (Paul Reiser), ni siquiera sobre sí mismo. No estoy seguro si este es un estudio sobre la obsesión o cómo perseguir tus sueños, pero luego empiezo a pensar que puede que las dos no sean mutuamente excluyentes.

Ya hablaremos de Simmons en un momento, pero Teller no debe ser ignorado, pues esta es la película que lo hará una estrella, olvídense de Divergente (aunque su trabajo en Rabbit Hole no debería ser ignorado; y bueno, será el nuevo Señor Fantástico); nada mal para una experiencia casi exclusivamente llena de comedias juveniles. Un baterista desde los 15, Teller se va de tú a tú con Simmons a cada paso del camino, en un paralelo entre sus dos personajes: uno siente cada humillación, cada determinación, cada ampolla sangrante. Y cuando siente que se le quiere joder, uno sabe que no se va a dejar.

Excepto que Simmons se traga la película completa y la vuelve a escupir. En Oz demostró lo aterrador que puede ser; en Juno lo adorable que puede ser; en El Hombre Araña lo divertido. Fletcher es la unión de todos esos personajes, y muchas veces en el curso de una misma escena. Su cara de exasperación o falsa dulzura se transforma rápidamente en una pétrea faz de terror cuando te atreves a CAMBIAR EL TEMPO. No hay temor de confrontar al ofensor a gritos, sillas lanzadas o cachetadas. Y es que su filosofía es clara: “No hay dos palabras más dañinas en el idioma español que ‘buen trabajo’”.

Todo esto encerrado en un guión y una dirección de un chamo de 27 años (ahora tiene 30) que muestra mayor seguridad ante la cámara que algunos directores han mostrado en años. Sientes cada ampolla e Andrew, y cuando Fletcher se mete en tu cara, pues ahí está la cámara de Chazelle. La fotografía de Sharon Meir hace de una película hermosa en su simpleza, pero esa edición es un paralelo con el jazz (excelente banda sonora, por cierto) en sus rápidos altos y bajos.

Quizá lo que más asusta de Whiplash es que, luego de la última escena, uno piensa: ¿será que Fletcher tiene razón? ¿Será que necesitamos a alguien que nos puje hasta el final, si reconoce nuestro talento? ¿Dónde estaríamos si nos hubiéramos esforzado más?

Luego reaccionamos y decimos, “no, ni de vaina”.

Whiplash estrena en Venezuela el 13 de febrero en las salas del Circuito Gran Cine. Con Miles Teller, J. K. Simmons, Paul Reiser y Melissa Benoist. Dirigida por Damian Chazelle.


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viernes, diciembre 12, 2014

Gone Girl: Donde la principal víctima es el matrimonio



Nick Dunne (Ben Affleck) pide ayuda al público para encontrar a su esposa (Rosamund Pike) junto con sus suegros (Lisa Banes y David Clennon) en Gone Girl.

Hay cosas que uno espera cuando uno entra a una película cuyo crédito final dice “Dirigida por David Fincher”. Sabes que cada toma fue meticulosamente planificada. Sabes que el suspenso va a ser medido por el encuadre de la toma, el momento específico que entra la música, la yuxtaposición de secuencias. Y sabes que el otrora director de joyas como Seven, Zodíaco, La Red Social y La Chica del Dragón Tatuado se siente atraído por personajes que no están exactamente bien de la chaveta.

Recibes todo eso en la nueva película Gone Girl, basada en la novela homónima de Gillian Flynn, quien además la adaptó al cine. Y con creces. La diferencia con otras obras de Fincher es que esta está llena hasta el tope de personajes con diversos grados de perturbación. Pocas veces una película me ha hecho quedarme ahí sentado, boca abierta, mirando la pantalla susurrando “mierda, qué bolas”.
Nick Dunne (Ben Affleck) es un frustrado escritor, dueño de un bar en Misuri, que el día de su quinto aniversario de bodas llega a casa donde vive con su hermosa esposa Amy (Rosamund Pike), hija de escritores de cuentos para niños, para encontrar los restos de una pelea, sin señal de su mujer. Inmediatamente empieza una búsqueda que lentamente se transforma en un circo mediático, para molestia de la hermana de Nick, Margo (Carrie Coon) y la detective que lidera el caso (Kim Dickens) y su sarcástico compañero (Patrick Fugit). Se sabe que había un ex novio que la acosaba (Neil Patrick Harris), pero poco a poco, hay algo que no cuadra en todo esto. ¿No se ve Nick demasiado tranquilo, muy poco preocupado? ¿Está ocultado algo? ¿Y si tuvo algo que ver con la desaparición de Amy? Todos estamos por ver que, de nuevo, nada es lo que parece.

La historia y la hábil mano de Fincher sacan lo mejor de las estrellas principales de Gone Girl. Denle hasta la madre por ser el próximo Batman, pero Affleck cava bien adentro para dar una actuación que es tan inquietante como lastimosa. Coon se roba cada escena en la que está llevando lo que podría ser el cliché de la sarcástica hermana con el corazón de oro a un nuevo e interesante nivel. Harris pasa por territorio en el que no lo hemos visto en un rato; este no es Barney Stinson. Pero esta es la película de Pike, de cabo a rabo. Pocas actuaciones este año son capaces de mostrar tantas capas. Verla trabajar es una de las grandes sorpresas de la película en medio de muchas sorpresas. Una muy merecida nominación al Globo de Oro. (La película logró cuatro, incluyendo además Mejor Película de Drama, Mejor Director para Fincher. También para Mejor Banda Sonora para Trent Reznor y Atticus Finch, la tercera colaboración del dúo con Fincher, pero esta vez mucho menos inspirada que la de La Red Social, que les mereció un Oscar. ¿Muy ocupado con el nuevo disco de Nine Inch Nails, Trent? Así sí te lo pronto.)

Lo que sí puedo decir es, esta es una película muy peligrosa de ver en pareja, pues la principal víctima es el matrimonio. Todo mito que se sepa del matrimonio es explorado y destripado como un cochino. ¿Matrimonio perfecto? ¿La guerra de los sexos? Pura paja. El mito de la pareja es opresivo. “Somos tan lindos que quiero golpearnos en la cara”, dice Amy en un momento. La gran pregunta que deja la película es, ¿no hay la posibilidad que todo matrimonio perfecto implique un poco de victimización de parte de los dos integrantes? Darles más detalles sería un spoiler tan masivo que ustedes me golpearían a mí. Baste decir, no comparen Gone Girl con su relación de ninguna manera. Si se pillan haciéndolo, la respuesta es sí, tienen problemas, y sí, quizá sea demasiado tarde.

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miércoles, mayo 07, 2014

Pelo Malo: Ojalá fueran clichés

Afiche San SebastianDesde antes de su estreno, Pelo Malo creo que incluso superó a Secuestro Express en la categoría de Película Venezolana Más Controversial. La felicidad que generó su Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián en 2013 lentamente fue acompañada por críticas sobre su retrato de la pobreza en nuestro país, sobre la posición de la directora Mariana Rondón (Postales de Leningrado) y su acusación de “morder la mano que la alimentó” (lean a mi amiga Angie Rodríguez al respecto), sobre si vuelve a caer en los eternos clichés. Al final, se ha convertido en la más divisiva película venezolana de los últimos años.

Yo llego tarde a la fiesta, como a veces pasa, pero con toda esta controversia, la Concha y 100.000 espectadores, es hora de poner mis dos centavos. Y les digo algo, ojalá fueran clichés.

decenteEn los tradicionales bloques del 23 de Enero, Junior (Samuel Lange) se prepara para su última semana de vacaciones pendiente de la foto para el colegio. Quiere tener su pelo liso y vestirse de cantante de moda, pues ahí cree que podrá ganarse el cariño de su mamá, Marta (Samantha Castillo), quien no comparte ni entiende el empeño de su hijo en tratar de lucirse así. Ella simplemente quiere ver cómo lidiar con criar a un niño “raro” de nueve años y un bebé sola, sin un hombre (el papá de los dos está muerto) y con una suegra (Nelly Ramos) que le insinúa a cada rato llevarse a Junior.

Mientras veía Pelo Malo, pensé que esta era nuestra versión –mucho más light, a pesar de lo dura—de Precious (me extraña que no haya surgido el hashtag #SufroComoJunior). He leído varias críticas de gente que está molesta por cómo se retrata la pobreza en el país, pero lo que más vi a favor en esta es que me pareció brutalmente honesta. Castillo interpreta a Marta como una niña obligada a ser mujer y no quiere. Y está criada con la mentalidad machista de la sociedad venezolana: como no entiende a su hijo, lo rechaza, porque cree que así se fortalecerá. No es una mala mujer, pero la manera en que busca imponerse a su hijo la hace un tanto antipática.

La historia, viste desde el punto de vista de Junior, es deprimente. Al igual que Precious, este es un chamo que sólo quiere estar acorde con lo que él considera es la estética de la sociedad, buscar ser el niño perfecto para que su mamá lo quiera, sin entender que es precisamente lo que está haciendo para acercarse a ella lo está alejando aún más. Samuel lo interpreta con toda la madurez que un niño en esas condiciones, en la Venezuela del miedo, que debe ser tan fuerte como su mamá para poder echar para adelante, pero con una dulzura latente porque sientes que todo lo que quiere es que su mamá le demuestre el mismo amor que le muestra a su mamá.

Rondón no está pregonando con Pelo Malo, pero no tiene tampoco piedad con el espectador: está dispuesta a mostrar cada rincón, oscuro o claro, de la Venezuela con prejuicios. Para las historias que he escuchado de la vida en los barrios y en los bloques, más bien se quedó corta, pues es evidente que no quiere escandalizarnos. Pero admito que salí de ella deprimido, precisamente porque sabía que las acusaciones de clichés no eran ciertas. Nos está mostrando una Venezuela que no queremos admitir existe, y creo que gracias a ella deberíamos empezar ese debate. Sí, la película es algo lenta y no tiene tanto trama como estudio de personajes, pero lo que nos está queriendo decir debería ser razón suficiente para verla aunque sea una vez. Que nos haga reflexionar sobre la violencia en nuestros hogares, que no necesariamente debe ser física para que duela.

(Mucho les recomiendo lean el artículo de Aglaia Berluti sobre Pelo Malo para una opinión más sobre ese debate planteado.)

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sábado, octubre 19, 2013

Metallica: Through The Never: Busca tú tu bolsa la próxima, James

maxresdefaultEmpecemos esta reseña para decirles algo: la manera en que vi Metallica: Through The Never no es la mejor manera de ver esta vaina. Un miércoles, en el cine más aislado de Caracas, a las 9:30 de la noche, nadie querría irla a ver sino el más ocioso o el más fanático de los fanáticos. Yo era el único en la sala.

Dicho eso, aunque extrañaba estar con un grupo de fanáticos cantando y emocionándose conmigo, lo que uno espera hacer en un concierto y más si es de tu banda favorita, el “tratamiento VIP” de la situación sí me permitió apreciar la película por sí sola sin la influencia del público. Y saben qué, quizá ayude ser fan de la banda, pero no es un requisito.

La película sigue a Trip (el cada vez más genial Dane Dehaan), un asistente de la banda que, durante un concierto agotado en Los Ángeles, lo mandan al otro lado de la ciudad a buscar un camión que tiene un misterioso morral con algo que el grupo necesita. Lo que se supone va a ser un simple encargo se transforma en una aventura bien surrealista, cuando Trip se consigue con bandas chocando con la policía anti motín, gente huyendo del caos y un aterrador jinete que parece estar buscando almas. Todo mientras Metallica hace lo que mejor ha estado haciendo durante casi treinta años: tocar una vainita.

Sépanlo de una vez, esto en realidad es el videoclip más largo del mundo, pero es exactamente lo que Metallica (cantante y guitarrista James Hetfield, baterista Lars Ulrich, bajista Robert Trujillo y guitarrista principal Kirkl Hammett) y el director Nimród Antal (Predators, Control) estaba buscando: parecer lo más “badass” que se pueda. El concierto es sencillamente espectacular, y el 3D ayuda muchísimo a la inmersión en la experiencia; esta vaina debió costar una fortuna de montar (y fue exclusivo para la película). La historia, aún cuando se vuelve interesantemente tenebrosa, nunca tiene ninguna explicación de por qué pasa, y eso funciona tanto a su favor como en contra: ok, se ve arrechísimo y lo que hace falta saber es que el caos salió de todos lados, pero pana, manquesea dime de dónde salió el caos y por qué la agarran con este carajito. El hecho que la historia no sea tan fuerte contribuye a que la película vaya más dirigida a fans de la banda (si usted tiene una novia arjonera o un novio reggaetonero –ey, puede suceder—vaya a verla sol@), pero voy a decir lo mismo que dijo Peter Travers en su reseña: no la entiendan, vívanla.

Dehaan, aunque el protagonista, no es la estrella, pero la actitud que el chamo tiene me dice que su actuación en Chronicle no fue ningún accidente. Habrá que ver qué tal lo hace como Harry Osborne en la próxima del Hombre Araña, pero debe haber disfrutado sus momentos de "machismo” y “badasserie”. Y la escena final me recordó mucho al modo en que vi la película: luego de un largo agotamiento, duras experiencias y momentos tensos, al fin tienes la recompensa de ver tu banda favorita tú solo.

(PD: El guión fue escrito por la banda con Antal, y se nota. Sin decir ningún spoiler, estos no son Tarantino, definitivamente.)

Disfruten el trailer, si necesitan decidirse a verla o no, y díganme qué opinan si ya la vieron.

decente

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sábado, octubre 05, 2013

Rush: Ojalá la F1 fuera así para mí

rush_ver2Admito que la Fórmula Uno me parece uno de los más rutinarios y aburridos deportes de todos. No me insulten o se sientan mal, me siento así respecto a cualquier deporte que involucre carreras largas. No entiendo la fiebre por ellas. O no la entendía, hasta que vi Rush.

 

Ron Howard es un director completamente aceptable para mí. El hombre sabe agarrar emociones y hacer que las vivas como si estuvieras en el sitio. Así me pasó con su Apolo 13, así siento su Una Mente Brillante. Con Rush está tomando caminos familiares, pues está tomando una historia existente y la “hollywoodiza”. Aunque por lo que he leído, la temporada de la F1 de 1976 ya de por sí era digna de Hollywood; me sorprende que se hayan tardado así en hacer una película.

 

decenteEsa temporada se centró en la rivalidad de los dos más talentosos corredores que el deporte ha visto: el austríaco Niki Lauda (Daniel Rühl) de Ferrari, frío, calculador y con un conocimiento casi robótico de cómo correr, y el inglés James Hunt (Chris Hemsworth) de McLaren, arriesgado, carismático, fiestero e incapaz de darse por vencido. Se tropezaron primero en la Fórmula 3, y desde entonces siempre competían el uno contra el otro, decididos a superarse. En el camino, en especial después de un incidente el 31 de agosto de 1976, ambos se dieron cuenta de dos cosas: había algo más importante que ganar, y lo que empezó como un odio encarnizado terminó en un gran respeto.

 

No pienso caerles a coba: Rush toca cada cliché de una película deportiva que se puedan imaginar. El frío campeón que logra relajarse al conseguir el amor (en este caso, Alexandra María Lara), el fortachón cuyo constante fiesteo le puede costar la corona y le cuesta su matrimonio (con Olivia Wilde). Pero Howard y su guionista Peter  Morgan (con quien ya colaboró antes en Frost/Nixon) ponen el mismo esfuerzo en desarrollar a los dos personajes principales y capturan detallitos sobre cada uno que hace que en un momento apoyes a uno, y luego al otro. Ayuda que Rühl y Hemsworth están al tope de su juego, para usar una expresión gringa. Rühl siempre ha sido bastante bueno, ya sea en la que nos introdujo a su talento, Goodbye Lenin, o como el encantador nazi en Inglourious Basterds. Aquí es difícil que te caiga bien, algo que todo el mundo dice es una fiel imitación a Lauda; el hombre era abrasivo y directo, aunque tenía su sentido del humor. Rühl lo retrata como un hombre decidido a triunfar, sin tiempo para más nada, hasta que….

 

Por su parte, esta debería ser la película que demuestre que Hemsworth es mucho más que Thor, aunque ese vaya a ser su papel más famoso. ¿Recuerdan esa escena donde Thor dice que simplemente quiere ir a casa? Hemsworth tiene varios momentos así aquí, donde no tiene miedo de mostrarse como un gigante vulnerable, a pesar de su tamaño. Su Hunt hace ver a todos que es el evidente ganador, qué con esa sonrisota y tal, pero muy adentro de sí es tal su miedo al fracaso que prefiere divertirse primero.

 

Y por supuesto, las escenas de las carreras. Cada carro que pasa la sientes en los huesos. Howard te mete ahí con los pilotos; casi puedes oler el aceite. Cero ángulos extraños, simplemente te muestra la acción done tiene que ser. Y saben qué, para ser una película sobre corredores de F1, son sorprendentemente pocas las carreras en Rush. Y quizá ese sea su mayor triunfo: está mostrando el drama humano, en vez de las competencias como tal. Las actuaciones principales son los que llevan esta película al final, aún  más que los increíbles carros.

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domingo, julio 14, 2013

Pacific Rim: Enlázate con esta. Pero YA

pacific_rim_ver3Tengo que decirlo de una vez y ya: Pacific Rim  es mi película favorita del verano. Si ustedes encontraron más corazón o la pasaron mejor con alguna otra película este año, díganme con cual y les diré que están equivocados. En serio es así de buena.

¿Ah necesitan más? Bueno un recuento. En un futuro ni tan cercano, un abismo se ha abierto en el fondo del Océano Pacífico de donde salen gigantescos monstruos que llaman “kaiju” (“bestia extraña” en japonés) y arrasan con San Francisco, Cabo y Manila. Al ver que venían en oleadas, todos los gobiernos del mundo finalmente se pusieron de acuerdo y consolidaron un programa de robots de veinte pisos de alto llamados jaegers (alemán para “cazador”), pilotados por dos humanos enlazados mentalmente por lo que llaman “el Puente”, y empezaron a derrotar a los kaiju. Pero claro, estúpidos humanos se confiaron, y los kaiju empezaron a evolucionar y a derrotar jaegers. Ahora decidieron que la solución es construir el Muro de la Vida para proteger las ciudades costeras que quedan.

excelente-emocionado[5]Uno de los obreros en el Muro de la Vida es Raleigh (Charlie Hunman, de la serie Sons Of Anarchy), un ex piloto de jaeger que cinco años atrás perdió a su hermano (Diego Klattenhoff) en una batalla. Pero es llamado a la acción nuevamente por el mariscal Stacker Pentacost (Idris Elba), líder de los pilotos jaeger que ha tenido que ver cómo la burocracia decide quitarle el enchufe a su programa. Stacker tiene un  plan para acabar con la amenaza kaiju de una vez, y necesita tanto a Raleigh como a Mako Mori (Rinko Kukichi, nominada al Oscar por Babel), una científico y aspirante a piloto que tiene una razón propia para combatir los monstruos. Ellos y los jaegers sobrevivientes esperan ser la última defensa de la humanidad para, como dice Stacker, CANCELAR EL APOCALIPSIS.

Michael Bay quizá vea esta película y en su oscuro y superficial corazón de mierda sentirá algo parecido a la envidia que su ego no lo dejará reconocer. No se equivoquen, Transformers esto no es excepto en la parte que hay robots gigantes involucrados. Bay no tiene idea de hacer otra cosa más que apelar a lo más básico del ser humano, crear espectáculo para el chico de universidad con una cerveza en la mano y gritar “¡Marico arrechísimoooo!”. Guillermo del Toro, en cambio, me hizo sentir como un niño, ese que corría del colegio para sentarse a ver a Mazinger Z, a Ultramán, al Vengador, al Gladiador. Porque el mexicano sí tiene corazón y se lo sabe inyectar a sus personajes; a ti te importa todos y cada uno de los que salen en pantalla, incluso al que es una plasta al principio. Cierto, no hay una historia notablemente desarrollada para cada uno, pero sí hay suficiente para que te importen. Hasta el eterno de Del Toro, Ron Perlman (Hellboy), tiene una aparición relativamente breve como un contrabandista de partes de kaiju, hace poco más que gruñir y reclamar e igualmente te hace reír y te encanta.

Del Toro y su guionista Travis Beacham, responsable de la historia también, tienen buenos detalles con la manera en que funciona toda la tecnología: mientras más cercanos sean los pilotos, más fuerte será el enlace. No sólo Raleigh y su hermano, sino que hay un jaeger chino pilotado por trillizos, uno ruso pilotado por hermanos y uno australiano por un equipo de padre (Maxc Martini) e hijo (Robert Kasinzy). Entonces sabes que escoger el copiloto no puede ser cualquier cosa y hay drama involucrado. Claro, el drama entre Stacker y Mako es lo que no me convenció del todo, pero bueno, igual funciona. Y las batallas… chamo, las batallas. Otra vez muy a diferencia de Transformers, Del Toro echa la cámara para atrás y te permite ver qué está pasando, y su director de fotografía Guillermo Navarro hace que todo se veía bellísimo, inspirado en cuadros como “El Coloso" de Goya y “La Gran Ola de Kanagawa” de Hokusai.

Añádele a eso que no hay una actuación floja. Sí, el combo de Charlie Day y Burton Gorman como dos científicos haciendo del elemento cómico puede ponerse ladilla en algún momento, pero en seguida mejora y no dura tanto como para reclamar. Hunnam, sorprendemente, me pareció mucho más flojo; creo que cualquier tipo intenso y con pinta de piloto pudo hacer este papel. Rinko, en cambio, sí es excelente; dulce y a la vez intensa. Sí me gustó que la relación entre ellos dos no fuera un romance sino una camaradería, y su química era convincente. Elba sí es impresionante; no cualquiera puede vociferar una frase directo al colectivo. De por sí, este hombre es de los pocos que puede estar en una película que da pena y nunca dar pena él.

Todos juntos hacen escenas de tanta emoción y tal “bad-asserie” que tienes que aguantar las ganas de levantarte y gritar “hurra”. Del Toro es fiel a su costumbre y hace que puedas sentir cada batalla como algo real, en especial la climática bajo el agua. Aquí no hay la frialdad de un montón de robots computarizados, aquí sientes que hay seres orgánicos luchando por tu futuro. Sí, TU futuro. Del Toro y compañía crearon un mundo donde yo por lo menos no puedo esperara a volver a visitar.

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martes, junio 18, 2013

Man Of Steel: Sip, frío como el acero

man_of_steel_ver6Mientras que Marvel ha disfrutado de un éxito fenomenal con sus películas, que han salido sin pele cada año mínimo de a dos para dejar la taquilla vuelta leña, DC Comics (propiedad de TIME/Warner) aún no ha logrado descifrar qué es lo que hace la competencia para que sus películas sean tan exitosas. Con la sola excepción de la trilogía del Caballero Oscuro dirigidas por Christopher Nolan, la única película de un personaje de DC que ha salido en los últimos años –Green Lantern—fue un rotundo fracaso en taquilla y crítica. De modo que supongo que era lógico que intentaran capturar la gloria con el superhéroe que lo empezó todo. ¿Pero es suficiente?

La historia que todos conocemos recibe un ligero retoque, un punto muy a favor del director Zack Snyder, el productor Christopher Nolan y el guionista David S. Goyer. El principal científico del planeta Kriptón, Jor-El (Russell Crowe) ha advertido que el planeta está a punto de colapsar, y para ello prepara el escape de su hijo Kal-El, el primer kriptoniano nacido de parto natural en vez de construido genéticamente, a otro planeta. Un golpe de estado del líder militar de Kriptón, el general Zod (Michael Shannon), acelera sus planes antes que su mundo sea destruido.

decenteTreinta años después, vemos a Kal-El, ahora llamado Clark (Henry Cavill) por sus padres adoptivos Jonathan y Martha Kent (Kevin Costner y Diane Lane), tratando de encontrar su lugar en el mundo, luego de una traumática infancia donde no entendía por qué era tan distinto a los demás sin poder manifestarlo. Ahora Zod lo encontró, y con la ayuda de una decidida reportera (Amy Adams), debe defender el mundo que lo adoptó y sus habitantes, además de convencerlos que él tampoco es una amenaza.

Vamos a responder la pregunta que hicimos de una vez. Sí, esto sin duda le da el aire nuevo a la franquicia de Supermán que el bodrio anterior no pudo ni medio pensar en darle. En comparación a Superman Regresa, esta es una verdadera película de cómics, con enormes escenas de acción y finalmente una visita a Kriptón, con todo y su fauna, así como numerosas referencias a los cómics (un premio para el que descubra la conexión con Batman. Está ahí, ¡lo juro!). Pero como primera entrada en una franquicia (y por Dios, ¡la segunda podría venir el año que viene!), hay cosas que necesitan ser pulidas.

Aunque es una película de dos horas y media, nunca se sintió realmente lenta, pero las secuencias de flashbacks en el segundo acto no fueron manejadas tan bien como deberían (eso sí, muy bien cómo muestran a un joven Clark Kent adaptándose a sus sentidos captándolo TODO a la vez –algo que luego sería muy bien usado después). Y aunque visualmente es impresionante, Snyder definitivamente no sabe cómo bajarle dos, con la excepción del último flashback, con Clark jugando con su perro. Y sobre todo, este no es Supermán, por las múltiples fallas que muestra. No puedo explicarles bien por qué sin echarles a perder la película si no la han visto, pero ante todo, Supermán es un PROTECTOR. Ante todo está pendiente de salvar vidas, de evitar que la gente salga lastimada. Aquí cambian esa noción por la grandiosidad del espectáculo. Luego de dos días, finalmente entendí por qué esa batalla final con Zod me molestó tanto, y necesité de este artículo de Devin Faraci en Badass Digest para darme cuenta: en The Avengers, la destrucción de Nueva York se limita a un par de cuadras, y los mejores momentos son cuando los ves protegiendo a civiles inocentes. Aquí, como se lamentan en Wired, “venden el alma de Supermán para espectáculo”.

Sin embargo, no se puede negar la excelencia de los actores para cada papel. Henry Cavill repite lo que le pasó a Christopher Reeve de ser un relativo desconocido a mostrar toda la humanidad de Supermán, aunque necesitábamos más Clark Kent. Adams nunca puede hacer nada malo en mis ojos, y aquí rinde homenaje a todas las Luisa Lane del pasado a la vez que las deja en el suelo (con excepción de Margot Kidder). Russell Crowe tiene la misma callada dignidad del Jor-El que esperamos a la vez que tiene la oportunidad de ser un tipo arrecho, y si a estas alturas no eres fan de Michael Shannon (si no sucedió en Revolutionary Road y no eres de los que han tenido la suerte de ver Take Shelter) y su general Zod no lo hace, entonces no sé qué coño hay que hacer contigo; es sencillamente brutal sin caer en lo grandilocuente del típico villano de comiquita. Bien por Kevin Costner haciendo del reflexivo Kevin Costner que hace tan bien como Papá Kent; Diane Lane es excelente pero siento que este papel lo pudo haber hecho cualquiera. Y Laurence Fishburne siempre será genial, como el nuevo Perry White, editor del diario El Planeta; me gustó en particular su química con Adams, su dinámica de trabajo. (¿Por qué ningún Jimmy Olson?)

Quiere detenerme un poco más en Shannon porque creo que Zod es el personaje mejor logrado. Más allá de lo amenazante que es –y Shannon sabe hacer amenazante nada más con estar parado ahí—las motivaciones de Zod hacen que cuestiones sus métodos pero no sus razones. Como dije antes, en Kriptón dejaron de nacer “al natural” para ser creados con un propósito desde su inicio. Zod simplemente busca cumplir ese propósito por cualquier manera posible. Y creo que en manos de otro actor menos versátil que Shannon, esto podría haber caído firmemente en el terreno del cliché. Pero Shannon muestra a Zod como alguien con una lógica fulminante e implacable con la que es muy difícil discutir sólo a punta de corazón. En serio, gente, Michael Shannon debería estar en todas las películas en todos lados. Busquen sus otros trabajos, me lo agradecerán.

Mientras tanto, ¿vale la pena ver Man Of Steel? Pero de bolas. Es un enorme espectáculo visual, y aunque Shannon se destaque, todo el resto del elenco da lo mejor de sí con un guión, meh, decente. Vamos a ver cómo evoluciona.

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sábado, abril 27, 2013

Iron Man 3: El Ferrari no sólo tiene alma, tiene corazón

iron_man_three_ver7Marvel Studios finalmente arranca su Fase 2 con un doblete para este año. En noviembre tendremos la secuela Thor: The Dak World, y este verano arrancó con la tercera en la trilogía de, como se le llamaba en mis tiempos, El Hombre Invencible. Las aventuras de Tony Stark arrancaron por allá en 2008 la oleada de éxitos de los estudios Marvel que culminó en la increíble apuesta que fue The Avengers el año pasado. La segunda parte es considerada una de las más débiles de la hilera, así que la tercera esperaba mejorar eso, en especial con el cambio de Jon Favreau a Shane Black (Kiss Kiss Bang Bang) en la silla del director. ¿Cómo les fue?

decenteTony (Robert Downey Jr.) está recordando los eventos en Nueva York y eso le está causando ataques de ansiedad, pues finalmente tiene que lidiar con su propia mortalidad, sin mencionar que no sabe si, llegado el caso, pueda defender “la única cosa sin la que no soy capaz de vivir”: su adorada Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). Ahora tanto él como el mundo se enfrentan a una amenaza terrorista peor que Bin Laden, en la figura del Mandarín (Ben Kingsley), que tiene a War Machine –ahora llamado Iron Patriot (Don Cheadle)—corriendo por el mundo tratando de detenerlo. Y a Tony le surgen dos figuras de su pasado: un ex romance (Rebecca Hall) que trabaja en una increíble tecnología regenerativa, y un misterioso empresario/científico llamado Aldrich Killian (Guy Pearce), junto con su igualmente misterioso guardaespaldas Savin (James Badge Dale). Cuando Tony ve su mundo literalmente destrozado, ahora no sólo tiene que reconstruirlo; tiene que retribuirle.

Black ya había trabajado con Downey antes, y la comodidad con la que el hombre se desenvuelve en esta película lo hace evidente, no sólo por el hecho que es la quinta vez que interpreta al personaje (aún no le llega a Hugh Jackman con Wolverine, que lleva siete), sino porque Black simplemente lo deja ser… él. Mucho de lo que se criticó de Iron Man 2 fue el tamaño de pajúo que aparenta ser, y eso se bajó bastante aquí, imagino que precisamente porque Tony está en otro sitio de su vida ahora. Sigue siendo un poco demasiado arrogante para su bien a veces.

El problema con IM3 vuiene a raíz del libreto, escrito por el propio Black junto con Drew Pearce, quien escribió episodios de la serie No Heroics y el guión de Pacific Rim, además de también anunciarse que escribirá el de Sherlock Holmes 3. Hay algunas inconsistencias en el ritmo de la película que le podría perdonar, más allá de lo larga que se siente (o quizá es precisamente por eso que se siente tan larga), aunque agradezco que se trate más de un thriller de espionaje que algo de ciencia ficción, donde Iron Man tiene que vencer a un tipo con una armadura mejor que la suya.

Pero lo que no se les perdona (y decir más sería un spoiler) es el tratamiento que le dan al Mandarín. Lo único que sí diré es que Ben Kingsley sigue siendo uno de mis actores favoritos, y me encanta que el hombre se pueda divertir en cualquier cosa que haga. (Resalta el texto siguiente si quieres revelar el spoiler.) Spoiler Pero convertir al Mandarín, que es el mayor enemigo de Iron Man en los cómics, en una simple máscara, en un actor borracho mientras otro es el verdadero villano, me pareció muy desilusionante. Lo entiendo, en los cómics el Mandarín usa magia, que no es consistente con el universo que las películas han creado, pero me pareció el equivalente al twist en La Aldea, de M. Night Shyamalan: lo ves y, en vez de “¡BICHO! ¡Qué arrecho!”, dices “¡¿AH?! Ah, ok. Este… wow”. Fin de spoiler


Igual puedo decir de Guy Pearce, un actor que está lentamente entrando en ese rango que no importa si la película es mala, él nunca lo será. Así que en una película buena, el hombre es genial. Lo que más me gustó de Aldrich Killian es que el hombre se ve que es despiadado pero jamás pierde ni su encanto ni su sentido del humor, ni siquiera cuando podría estar perdiendo.

Cheadle está cruelmente relegado en esta película, y extrañé muchísimo la dinámica entre él y Downey que empezaba a verse en la 2 luego que Cheadle reemplazó a Terrence Howard como Rhodey (sin ser gran mejora, la verdad; la química entre Downey y Howard era genial). Paltrow debe haber gozado de lo lindo en esta, en cambio, pues se le da mucho más para hacer. Y nena, ¡esos abdominales!

Iron Man 3 no sufre de la “secuelistis” de la segunda parte ni se siente tan ligada al resto de las películas de Marvel como sus predecesoras (sí, hay una escena al final de los créditos –de los muy largos créditos—pero no enlaza tampoco) más allá de las menciones a Nueva York (de hecho el reto que tiene Tony es que no puede llamar a los Vengadores para ayudarlo). Pero creo que se habría beneficiado de bajarle un poquito al tiempo de duración, que se siente excesivo y le resta dinamismo a la película a veces. Pero no se puede dudar que Black la hace tan divertida como cualquiera del canon, que es como una película de Iron Man se debería sentir. Decente inicio para la Fase 2.

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viernes, febrero 15, 2013

Silver Linings Playbook: Porque a veces hay que tocarla de oído

silver_linings_playbookHarvey Weinstein debe tener una lengua de oro forrada en platino. Cada película que el hombre aúpa, logra miles de reconocimientos como si nada. Silver Linings Playbook se ha ganado miles de nominaciones en las mejores ceremonias de premios, cuando en manos de una casa productora menor sólo sería aplaudida y ya. En serio Harvey, tengo unas neveras que quisera venderle a los esquimales….

 

Dicho eso, que nadie se engañe. La nueva película de David O. Russell –ahora reconciliado con el mundo luego de muy públicos rollos con Lily Tomlin y, coñaza incluida, George Clooney—es un drama disfrazado de comedia que toca todas las teclas de la mejor manera, logrando ser creíble, encantadora y conmovedora, todas a la vez. Más allá de los que ha recibido su elenco, no es para estarse cubriendo de premios, pero de que es genial, es más que genial.

 

excelente-conmovido[6]Aquí seguimos a Pat Solitano (Bradley Cooper), un profesor de educación física que acaba de salir de un hospital mental luego de casi matar a patadas al hombre que encontró en la ducha con su esposa Nikki (Brea Bee). Ahora vive de nuevo con sus padres (Robert De Niro y Jackie Weaver) y está tratando de reconciliarse con Nikki, aunque los planes se le complican cuando conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence), quien ha tenido problemas psicológicos propios.

 

Algo que se ve demasiado común en películas independientes es la exagerada excentricidad en sus personajes (véase The Wackness, Cyrus, Safety Not Guaranteed). Russell, afortunadamente, mantiene a sus personajes firmemen te metidos en el mundo real; estos son personajes con problemas verdaderos y se enfrentan a situaciones verdaderas. El guión, que Russell adaptó de una novela de Matthew Quick, mezcla bien tanto la comedia que se puede esperar cuando juntas a dos personajes que tienen la lengua más lampiña del mundo, como son Pat y Tiffany, como el drama de unos padres que deben cuidar de un hijo bipolar y depresivo y los amigos a su alrededor que lo quieren ver mejorar.

 

Si hay una película que justifica la categoría de Mejor Elenco en los Oscar, es esta, pues aunque no hay una pieza floja en ese engranaje, todos funcionan mejor cuando están juntos. Hasta Chris Tucker, quien puede desesperar un poco después de tres Rush Hour, sigue siendo divertido como un amigo de Pat que conoció en el hospital. Aplaudo eternamente que De Niro vuelva a ser considerado por la Academia, puyes ofrece un rol divertido y a veces hasta desgarrador; este es un hombre con sus propios problemas que sólo quiere lo mejor para su hijo. Weaver es excelente también, dando un giro completo del papel que la dio a conocer, la aterradora matriarca de un clan mafioso en Animal Kingdom del año pasado, pero tampoco es que tiene mucho que dar.

 

Por supuesto, el foco es en Cooper y Lawrence, y ambos se ganaron nominaciones también en sus papeles. Cooper es el que da la mayor sorpresa; ¿el catirito de The Hangover sabe actuar? Oh sí. Incluso cuando debe explotar, Cooper logra mantener su personalidad bajo control, y los momentos en que tiene que arrugar la cara y echar una lagrimita son bien creíbles. Lawrence sorprende menos, considerando que esta es su segunda nominación después de Winter’s Bone, pero este es un personaje refrescantemente distinto a ese y a Katniss Everdeen, aunque aún es una chama que sientes que puede arrancarte la cabeza a la vez que te roba el corazón. Digo, ¿qué tan bien se debe sentir formarle un peo a Robert de Niro? Es la favorita para llevarse Mejor Actriz, y yo aplaudiré a rabiar cuando pase. (Sí. CUANDO.)

 

Más allá del eterno mensaje de “puedes acomodar tu vida si ves las cosas buenas”, esta es una de esas películas que te deja sintiéndote bien con el mundo, que te hace reír porque te recuerda a tu propia gente. ¿Pero ganar Mejor Película? No eres así de bueno, Harvey,

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viernes, enero 18, 2013

Django Unchained: Tarantino "rides again"

django_unchained_ver9Uno puede formarse dos ideas sobre Quentin Tarantino. O bien es uno de los directores más versátiles que existe, moviéndose con facilidad entre distintos géneros, o es tan buen creador que logra esconder el hecho que es un “pony de un solo truco” bajo los múltiples disfraces que pone a sus películas. Luego de ver su última, yo me inclino un poquito por lo segundo, porque considero que, una vez que has visto durante cierto tiempo su obra, te parece que ya sabes qué esperar –y gozas una bola teniendo razón.

 

Así como en el pasado ha homenajeado al cine de robos (Reservoir Dogs), de artes marciales (Kill Bill), “blaxploitation” (Jackie Brown) o guerra mundial (Inglourious Basterds), ahora Quentin se lanza al cine que evidentemente más lo ha influenciado, el spaghetti western, aunque estrictamente hablando Django Unchained es un “southern”, pues se desarrolla en el sur de los EEUU justo antes de la Guerra Civil. Un ex dentista alemán venido a cazarrecompensas, el doctor Schultz (Christoph Waltz), libera a un esclavo llamado Django (Jamie Foxx) pidiéndole que lo ayude a encontrar a tres fugitivos que trabajaban en la plantación donde él estaba. A cambio le ofrecerá su libertad y lo ayudará a encontrar a su esposa Broomhilda (Kerry Washington), quien ahora está en la plantación de un despiadado hacendado llamado Calvin Candie (Leonardo DiCaprio) que organiza peleas de mandingo.

 

excelente-emocionado[5]Lo que hace Tarantino es soltar su travesura natural a lo largo de sus películas y convierte la violencia en algo tan exagerado que no te queda de otra más que reírte sólo para liberar la tensión. Esos momentos abundan en Django, al punto que quizá exagera un poco su frecuencia (valga la redundancia) después de la primera media hora. Y comete un pecado menor que, en una película menor, me habría sacado la piedra de todas las maneras posibles: cuando una película termina el clímax, ese debería ser EL FINAL. No darnos media hora más y menos de una tensión que no sabes qué coño va a pasar para después darnos el final que esperábamos. Y de paso en esa media hora darnos uno de los peores cameos de un director que he visto. Quentin, acéptalo, tú no sabes actuar.

Por suerte, la película es lo bastante buena para ignorar esas fallas. Como en toda película de Quentin, es gozar en el cine. No sólo gracias a las exageradas balaceras con sus géiseres de sangre, los excelentes diálogos, sino oh por Dios, las actuaciones. La de Quentin es la única floja; de resto van de buenas a extraordinarias.

 

Buenas son las de Washington y Foxx, quienes hacen de marido y mujer por segunda vez, luego de Ray; Washington puede hacer de la damisela en peligro de una menar excelente, y Foxx es un adecuado tipo rudo que sabe interpretar a un negro que debe ser peor que los otros negros. Muy bueno es Don Johnson, quien tiene una breve aparición como el dueño de una plantación; es genial cuando simplemente dejas que un actor se divierta con su papel. Extraordinario es Waltz, que ya veo que su estilo de Hans Landa que le valió un Oscar es su estilo –pero es tan recontra bueno y encantador, que aún no quiero verlo haciendo algo distinto. Extraordinario es Samuel L. Jackson, el esclavo de casa de Candie, los ojos que ven lo que el amo no, una presencia llena de malévola inteligencia y diversión que sólo alguien como Jackson pudo evitar que pareciera una caricatura. Y extraordinario es Di Caprio; este chamo ha sido ignorado por la Academia demasiadas veces. Viejos estúpidos que prefirieron darle una nominación a Alan Arkin que a él; su debut como villano es absolutamente brillante, comiéndose la escena con grandilocuencia y notándose que está gozando de lo lindo.

 

¿Se notó la ausencia de Sally Menke, la tradicional editora de Tarantino que lamentablemente murió en 2010? Quizá; podría haberle bajado dos a ese falso final, crear menos expectativas. ¿O esa era la idea? Lo que más puedo decir de Django Unchained es que sin duda es una película de Tarantino. No es su mejor –esas siguen siendo Basterds y Pulp Fiction para mí –pero el hombre creo que no sabe hacer una película mala. Floja, quizá (pienso en Jackie Brown aunque no he visto Death Proof), pero nunca mala.

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domingo, enero 13, 2013

Argo: El cine también salva vidas

Decir que la carrera de Ben Affleck ha tenido altas y bajas es como decir que la Segunda Guerra Mundial fue un pleito. Se dio a conocer primero como guionista y coestrella de su amigo Matt Damon gracias a su trabajo en Good Will Hunting (que les mereció un Oscar a Mejor Guión Original, gracias) y luego como galán en películas buenas (Chasing Amy, Dogma, Armageddon), mediocres (Daredevil, Pearl Harbor) y malísimas (Gigli). Pero la mayor sorpresa que nos ha dado es que el hombre es un director más que capaz, una tendencia que empezó en 2007 con su adaptación del libro de Dennis Lehane Gone Baby Gone, consolidó en 2010 con The Town y ahora confirma con Argo.


excelente-emocionado[5]Basada en un artículo de la revista Wired de Joshuah Bearman (pueden leerlo aquí), Argo narra la historia verdadera de la crisis de rehenes en Irán, cuando, el 4 de noviembre de 1979,  un grupo de estudiantes entró a la embajada de EEUU en Teherán y tomó de rehenes a los 52 estadounidenses que aún estaban allí, reteniéndolos por 444 días, costándole a Jimmy Carter su reelección como presidente. Lo que no se supo hasta 1997 fue que seis estadounidenses –Mark y Cora Lijek, Joseph y Kathleen Stafford, Robert Anders y Lee Schatz (interpretados por Christopher Denham, Clea Duvall, Scoot McNairy, Kerry Bishé, Tate Donovan y Rory Cochrane)—lograron escapar de la embajada y consiguieron refugio en la residencia del embajador de Canadá. La CIA encargó a un agente, Tony Méndez (el propio Affleck), para buscar la forma de sacarlos de allí con vida.

Para hacerlo, Méndez tuvo un elaborado plan: convencer al Ministerio de Cultura de Irán que estaban allí como parte de un equipo de filmación de una película de ciencia ficción llamada Argo, con la ayuda del maquillador John Chambers (John Goodman) y el productor Lester Siegel (Alan Arkin). Como el director de la CIA Jack O’Donnell (Bryan Cranston) dice en un momento, fue “la mejor mala idea” que tuvieron en ese momento.

A estas alturas puedo decir lo mismo que dije en Twitter: la Academia puede irse a oler. La mayor fuerza de Argo reside precisamente en su dirección, pues Affleck no desperdicia un cuadro en alguna cosa que no sea tensión o llevar la historia adelante, o ambas. Claro, si leen el artículo verán que la cosa no fue tal cual así – esa salida no no estuvo ni cerca tan llena de tensión como se ve en esa última media hora (el propio Méndez así lo dijo)— pero hay que recordar que esto es Hollywood, así que claro que el guionista Chris Terrio tenía que tomarse algunas libertades. Y qué bien lo hizo. Tanto la dirección como la edición de ese clímax final merecen un reconocimiento, que la Academia negó y otorgó, respectivamente.

En cuanto a actuaciones, eso es otro asunto. Affleck nunca me ha parecido un mal actor, aunque no sé si es porque parece tan buena gente. Pero aquí no creo que haya sido el mejor para interpretar a Méndez, sin mencionar que no se le parece tanto (o así opino yo). Es muy blando, y se ve demasiado tenso la mitad del tiempo. Cierto, no es que esté jugando metras, requiere tensión, pero si es un profesional no debería verse tan asustado todo el tiempo.

El resto del elenco varía. Los seis estadounidenses a duras penas tienen que actuar, excepto cuando tienen que actuar que están actuando, así que no creo necesario mencionarlos demasiado, aunque sí hicieron bien su trabajo. Ya yo no puedo separar a Cranston de Walter White; por suerte para él sigue siendo genial en todo lo que hace. Lo mismo para Arkin, quien otra vez se ganó una nominación como Mejor Actor de Reparto por hacer del viejo que no se guarda la lengua para nada y dice ocasionalmente cosas inapropiadas, y Goodman, que lo único es que ha envejecido alguito desde Walter Dobchek, pero sigue siendo excelente.

No, como ya dije, la fuerza de Argo reside tanto en historia y guión como dirección; sus actores hacen un buen trabajo de dejar que sean ellas las destacadas y no arruinan sus papeles en ella. ¿Chances para ganar Mejor Película? Bueno, eh, no. Cierto, al Oscar le encanta un drama histórico, más cuando se trata de una historia tensa y real, pero no está listo para perdonar a Affleck sus trasgresiones como actor. Y ni siquiera el hecho que está producida por George Clooney y Grant Heslov lo ayudó. Menos mal que existen los Premios de la Crítica. Actualización: Y los Globos de Oro.

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