El Cine Tuyo, Mío y Vuestro

El séptimo arte, para todos nosotros.

jueves, abril 16, 2015

Kingsman: The Secret Service: 007 para esta generación

Hay un momento meta en Kingsman: The Secret Service, la nueva película del director Matthew Vaughn (Kickass) donde el agente Galahad (Colin Firth) conversa con el villano Valentine (Samuel L. Jackson) sobre las viejas películas de espionaje, y literalmente hacen una referencia a las películas viejas de James Bond, sobre cómo disfrutaban verlas. Para aquellos que creen que todo empezó con Daniel Craig o incluso Pierce Brosnan, durante finales de los años 70 y gran parte de los 80, las películas del agente 007 eran protagonizadas por Roger Moore, sucesor de Sean Connery, y el tono en la mayoría cambió del intenso sarcasmo que traía Connery a uno más payaso. Nada más con el título de una de las últimas de Moore, Octopussy, ya se hacen una idea.

Kingsman hace un homenaje a esas viejas películas de Bond inculcándole el extremismo por la acción que requieren las películas modernas. Vaughn nuevamente usa su frenético estilo de edición y unas increíbles movidas de cámara para hacer lo que puedo decir sin duda ha sido lo que más he gozado en un cine desde Avengers y ciertamente espero que hayan muchas más en este universo.

Hay una sociedad ultrasecreta de espías que ha ayudado al mundo desde el siglo XIX sin asociación a
ningún gobierno que acaba de perder a uno de sus miembros, así que toca empezar a escoger reclutas. Galahad presenta ante su líder, Arthur (Sir Michael Caine) al hijo de un antiguo compañero, un adolescente rebelde que se hace llamar Eggsy (Taron Egerton), como el nuevo agente, al mismo tiempo que Valentine, un multimillonario experto en telecomunicaciones, que presenta una nueva amenaza mundial. Pero primero Eggsy deberá superar a otros candidatos al riguroso entrenamiento de Merlín (Mark Strong) y además tolerar el maltrato que recibe su madre (Samantha Womack) a manos de su brutal y evidentemente criminal padrastro (Geoff Bell).

Vaughn nuevamente adapta un cómic de Mark Millar haciendo lo mismo que hizo con Kickass: enfocándose en capturar el espíritu de la creación de Millar e igualar la frenética acción de la pantalla con una cámara que se mete en cada acción que se pueda, junto con una amenaza que se siente como real y una historia coherente (dentro de lo que cabe), y lo mezcla con un elenco que evidentemente se divirtió haciendo una película para espías con toda la seriedad que implica el caso. Principal entre estos está Firth, quien se estrena de la mejor manera en el género de acción de manera perfecta usando su clásico estoicismo inglés mezclado con una enorme habilidad de caerse a coñazos (una escena en una iglesia, de la que se ve un atisbo en el trailer, debe verse para creerse, en especial porque Firth se mantiene impertérrito en ella). No sé cuánto es realmente él en las escenas y quiénes un doble, pero yo vería a Colin Firth repartiendo patadas hasta el fin de los tiempos.

Egerton se defiende bien, por su parte, no sólo en el aspecto físico, que no viene a relucir en realidad sino en la parte final de la película, sino en su actitud de "malandro" inglés con un buen sentido del humor, aunque claro, sus fallas como actor son evidentes cuando ha de compartir escena con gigantes como Caine y Firth. Sin embargo es su primera película grande, así que tiene tiempo para crecer. denle un chance. Curiosamente, lo que me pareció lo más flojo de la película fue Jackson, quien por alguna razón decidió hablar con un extraño defecto en el habla y vestirse como un adolescente. Está bien, a lo mejor ese era el personaje que tenía que hacer, pero uno que está acostumbrado a que Jackson siempre ha sido una figura tenebrosa cuando hace de villano... No puedo negar que se nota que está comprometido con el papel, y tiene unos momentos tan divertidos y a la vez tan oscuros que no pude evitar reírme al mismo tiempo que me sentía mal.

Al final, Kingsman mezcla lo absurdo con lo realista con el solo propósito de entretener, y lo logra de mil maneras distintas. Supongo que eso pasa cuando muestra la muerte de un prominente líder mundial de la manera más espectacular y nadie ni batió una pestaña. Todo el mundo sabe que es por pura diversión, relájense. En serio, se los suplico, no se la pierdan.

Kingsman: The Secret Service se estrena este viernes en las principales salas del país. Con Colin Firth, Taron Egerton, Mark Strong, Samuel L. Jackson, Sir Michael Caine y Sofía Boutella, con una aparición especial de Mark Hamill. Dirigida por Matthew Vaughn.


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lunes, febrero 23, 2015

Aquí se habla español: los ganadores del Oscar 2015

El elenco y equipo de Birdman, ganadora a Mejor Película en los Oscar 2015
Por la 87ª vez, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas entregó sus hombrecitos dorados durante una ceremonia que parece indicar que el poder de los latinos en Hollywood crece lenta pero seguramente, además de carecer la mayor parte de la diversión del año pasado.

Eso no fue enteramente culpa del anfitrión Neil Patrick Harris, quien la mayor parte del tiempo fue lo bastante encantador como para hacer que la ceremonia no se sintiera tan larga. Eso sí, hubo momentos de incomodidad que debieron salir mejor, como paseando en el público y pedirle a David Oyewolo que leyera el final de un chiste, o tratando de lograr que Robert Duvall le siguiera el juego de vigilar a Octavia Spencer mientras ella vigilaba sus predicciones. Sin embargo, la apertura con las proyecciones holográficas en el escenario, los juegos de sombras y la asistencia de Anna Kendrick y Jack Black, además del guiño a Birdman cuando se atrevió a salir a escena en sus interiores blancos, compensaron bastante. En resumen, no hubo ningún momento “super selfie” ni nada que haya hecho Billy Crystal tan memorable, pero ciertamente nada lo va a poner en el mismo lugar que Seth MacFarland o (susto) James Franco y Anne Hathaway.

Siguiendo con el show como tal, hubo bastante espacio para momentos tanto conmovedores como divertidos. La mayor sorpresa para muchos fue la presentación impecable de Lady Gaga en homenaje a los 50 años de La Novicia Rebelde, donde la excéntrica intérprete confirmó a cualquiera que no haya prestado atención que es mucho más que los extravagantes trajes y los elaborados videos musicales. Su interpretación de la mezcla de temas clásicos del filme fue nada menos que impresionante, y la aparición de la magnífica Julie Andrews para agradecerle y recordar la maravillosa película fue un bonito corolario para un momento un poco “random” pero aun así bastante bueno.



Casi todas las interpretaciones de las nominadas a Mejor Canción tuvieron algún toque de sentimentalismo. El cantante de country Tim McGraw debió asumir la interpretación de “I’m Not Gonna Miss You”, del documental Glenn Campbell… I’ll Be Me, en vez del propio artista, dado que su Alzheimer se ha vuelto cada vez peor, lo que da un triste cierre a una carrera de 60 años. “Glory”, de Selma, la eventual ganadora, tuvo a todo el mundo conmovido hasta las lágrimas, en especial por el momento histórico: la ceremonia de los Oscars de 1968 fue suspendida porque, cuatro días antes, Martin Luther King, Jr., fue asesinado en Memphis. John Legend y Common le pusieron todo el sentimiento posible a su interpretación y luego a su discurso de aceptación cuando John Travolta e Idina Menzel (un simpático homenaje al pelón que el actor se echó el año pasado al pronunciar mal el nombre de la cantante de “Let It Go”) le entregaron sus premios, recordando que viven en el país con más gente encarcelada en el mundo, y con la memoria todavía fresca de las muertes de Michael Brown y Eric Garner. Las lágrimas de David Oyewolo y la ovación de pie que recibieron fueron de las más merecidas de la noche.




Del otro extremo y con todo y eso un momento favorito, el dúo de hermanas Tegan y Sara se unieron al trio de rap de comedia The Lonely Island, Questlove de The Roots, Mark Mothersbaugh de Devo y un genial Will Arnett disfrazado de Batman para interpretar “Everything Is Awesome” de The Lego Movie. Todo el escenario fue apropiadamente diseñado como si fuera hecho por un niño de 10 años, y el caos controlado de bailarines y músicos combinaron perfectamente con la chiclosa canción. Que Arnett saliera con su guitarra metalera cantando “El Tema de Batman” de la película fue suficiente para yo soltar una carcajada. Lo siento, haters, yo lo amé, igual que amo la estúpida canción y amo la película.



La primera sorpresa de la noche me sorprendió más por ser sorpresa, de hecho. Disney Animation ha estado recuperando buena parte del prestigio que había perdido (a pesar de su calidad, ¿quién se acuerda de La Familia Robinson o Tierra de Osos?) ganando tanto cortometraje (Feast) como largometraje animado (Big Hero 6), y lo hace por segundo año consecutivo luego del triunfo de Frozen en 2014. Feast no sólo era adorable, sino que tenía técnicas parecidas a Paperman, el corto ganador de 2012. Por su parte, Big Hero 6 no sólo era visualmente impresionante, sino que además tenía una historia auténticamente conmovedora y hasta adulta en momentos. Cierto, Cómo Entrenar A Tu Dragón 2 tenía eso también, pero al final piensen cuál de las dos tiene más poder de permanencia. Aun así, quiero referirlos a mi tuit de anoche:

La verdadera sorpresa de la noche, sin duda, fue el triunfo de Graham Moore como Mejor Guión Adaptado por The Imitation Game, el único triunfo para la historia de Alan Turing mientars descifra el código Enigma de los nazi, por encima de las que parecían seguras (Whiplash, Inherent Vice, hasta American Sniper). Su discurso fue el segundo más conmovedor de la noche, confesando que a los 16 años trató de suicidarse por sentirse que no encajaba en ningún lado. Cerró pidiendo a todos “esos chicos que se sienten igual” que se mantuvieran raros, que se mantuvieran distintos. (Y esa será mi próxima franela: una que diga “Stay Weird / Stay Different”.)

Como bien fue destacado, van dos años seguidos que un mexicano gana como mejor Director, luego que Alejandro González Iñárritu siguiera al triunfador del año pasado, Alfonso Cuarón, al llevarse la estatuilla por su trabajo con Birdman. Y esa misma noche, Emanuel “El Chivo” Lubezki lo acompañó al llevarse Mejor Dirección de Fotografía; y después de eso, González Iñárritu subió con sus compañeros Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Jr. y Armando Bo al ganar Mejor Guión Original, agradeciendo con sus acentos españoles o en abierto español. “El Negro” aprovechó para saludar a sus compatriotas mexicanos “que algún día tengamos el gobierno que merecemos” y que Estados Unidos los trate como ciudadanos. Latinos are here to stay, baby, deal with it, ese.

Ninguno de los actores fue una sorpresa, dado que venían arrasando en todas las premiaciones anteriores. J.K. Simmons, brillante en Whiplash, tuvo un simpático momento cuando le pidió a todo el mundo llamar a sus padres (yo estaba viendo con los míos, así que no tuve que ir lejos). Eddie Redmayne tuvo una completa imposibilidad para disimular su emoción de ganar, a pesar de que su interpretación de Stephen Hawkings no había perdido en ningún lado. Julianne Moore al fin obtuvo un Oscar que se le debía mínimo desde los tiempos de Magnolia, y fue todo lo encantadora que siempre es (“Dicen que cuando ganas un Oscar tu vida se extiende cinco años; le quiero dar las gracias a la Academia, pues mi esposo es más joven que yo”. Chivegüenchona). La única que medio sorprendió –y no debería—fue Patricia Arquette, a quien finalmente se le reconoció su extraordinaria labor en Boyhood. La actriz aprovechó de exigir igualdad de géneros en la industria, denunciando la grosera diferencia de pagos entre actores y actrices. Hasta Meryl Streep se paró de su asiento y la aplaudió. You go, girl.

Y hay que comentar el triunfo de Citizenfour, el documental sobre el ex empleado de la NSA, Edward Snowden. Un abierto homenaje a la libertad de expresión, mostrando que el ex espía está lejos de perder su influencia en el mundo. Como dijo la periodista y documentalista Laura Poitras, encargada de su filmación junto al periodista Glenn greenwald, “cuando las decisiones que nos gobiernan se toman en secreto, perdemos el poder de controlar y gobernarnos a nosotros mismos”. Este documental, junto con Selma, se convirtieron en las dos películas de 2014 que todo venezolano debe ver.

Y así fueron los Oscar 2015. En menos de dos meses arranca el verano y las cotuferas, y luego empezaremos este ciclo todo de nuevo. He aquí por más latinos ofreciendo cine de calidad en estas premiaciones.

Aquí les dejo la lista completa de ganadores.

  • MEJOR PELÍCULA Birdman
  • MEJOR ACTOR Eddie Redmayne, La Teoría del Todo
  • MEJOR ACTRIZ Julianne Moore, Siempre Alice
  • MEJOR ACTOR DE REPARTO J.K. Simmons, Whiplash
  • MEJOR ACTRIZ DE REPARTO Patricia Arquette, Boyhood
  • MEJOR DIRECTOR Alejandro González Iñárritu, Birdman
  • MEJOR GUIÓN ORIGINAL Birdman
  • MEJOR GUIÓN ADAPTADO The Imitation Game
  • MEJOR CANCIÓN ORIGINAL “Glory”, Selma
  • MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL El Gran Hotel Budapest
  • MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA Ida (Polonia)
  • MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN Big Hero 6
  • MEJOR VESTUARIO El gran hotel Budapest
  • MEJOR DOCUMENTAL Citizenfour
  • MEJOR CORTOMETRAJE The Phone Call
  • MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN Feast
  • MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL Crisis Hotline: Veteran Press
  • MEJOR FOTOGRAFÍA Birdman
  • MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA El gran hotel Budapest
  • MEJOR EDICIÓN Whiplash
  • MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN El gran hotel Budapest
  • MEJOR EDICIÓN DE SONIDO American Sniper
  • MEJOR MONTAJE DE SONIDO Whiplash
  • MEJORES EFECTOS VISUALES Interstellar

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domingo, febrero 22, 2015

Camino al Oscar: Birdman

Siempre vean las películas que un director hace para salir de su zona de confort, pues casi siempre resultará en un esfuerzo interesante, así el resultado no sea gran cosa. David Gordon Green hacía pequeños dramas  independientes hasta que se fue con una comedia adulta (Pineapple Express), Robert Zemeckis hacía comedias y fantasía hasta que probó hacer
una de terror (What Lies Beneath). La primera fue un éxito; la segunda, MALA, hijo, mala.


Ahora tenemos a Alejandro González Iñárritu, quien nos dio una suerte de películas (Amores Perros, 21 Gramos, Babel, Biutiful) cada vez más dramáticas, más “suffer porn”, aunque ciertamente las dos primeras gozaron de mucho prestigio. Marcado por la muerte de su hijo en un accidente automovilístico, quiero pensar que el “Negro” tenía demonios que debía superar, y ahora se atrevió con Birdman (o
La Inesperada Virtud de la Ignorancia),
una comedia existencialista que lo regresa a los buenos tiempos y lo encaminó a su segunda nominación al Oscar, quizá su primer triunfo.



Riggan Thompson (Michael Keaton) está al borde de un ataque de nervios. Famoso en los años 90 por tres películas de acción donde interpretó al superhéroe Birdman, se rehúsa a aceptar que no es un verdadero actor, así que se dispone a estrenar una adaptación en Broadway de la obra de Raymond Carver, De Qué Hablamos Cuando Hablamos de Amor, que él escribió, dirige y protagoniza. Pero cada preestreno es un desastre de una u otra forma, que
amenaza cada vez con empujarlo a la locura. Su productor (Zach Galifianakis) hace lo posible por mantener el estrés a raya; su hija y asistente (Emma Stone) siempre le recuerda que no ha estado allí para ella; y su coestrella (Edward Norton) le llena de inseguridades ante la posibilidad de ser infinitamente mejor actor que él, a la vez que siempre está queriendo meterse en la dirección, en el guión y dentro de su actriz personal (Naomi Watts). Y su mayor tortura viene de su antiguo personaje, que se rehúsa a salir de su cabeza o dejar de recordarle todo el éxito que tuvo cuando era un superhéroe. ¿Cuánto más podrá Riggan
aguantar?

Como todas las película de Iñárritu, esta no es una comedia convencional, pues aunque haya momentos graciosísimos, es una profunda reflexión sobre nuestras inseguridades y el papel que podemos jugar en el universo. Igualmente muestra por lo que muchos podríamos pasar: nuestra imagen pública vs. cómo nos ven los demás. Riggan constantemente insiste que es un artista, que las películas de Birdman están por debajo de él; pero la calidad de la obra que está presentando ahora es constantemente cuestionada por todos los que están a su alrededor. No me cabe ninguna duda que González Iñárritu está reflejando por lo que pasa cualquier artista, en especial lanzándole una no muy sutil punta a los críticos al presentar a una del New York Times (Lindsay Duncan) y preguntar abiertamente: “¿Qué debe pasar en la vida de una persona para que se convierta en un crítico?”

Mucho se ha hablado de cómo el “Negro” ha logrado mostrar la película como una sola larga toma ininterrumpida, que con la ayuda de la fotografía del talentoso Emmanuel Lubezki (The Tree of Life) le dan un aspecto visualmente único a la película. Por un lado muestra cómo la vida es una sola continua toma con breves interrupciones; por otro lado es un artilugio que le da una ventaja un tanto injusta a los Oscar sobre los otros directores, pues nada le gusta más a la Academia que mostrar a leguas que una película fue dirigida.

Gracias a Dios por una película sobre actores donde cada uno de estos se luce. Hasta Galifianakis deja de ser su usual y bizarro personaje conocido para estar tan estresado como el resto del elenco. Naomi Watts, quien es constantemente considerada (y con razón) una de las mejores actrices de nuestra generación, muestra una actriz casi tan insegura como el propio Riggan, aunque no sale lo suficiente para poder enfocarse lo suficiente en ella. Los dos pesos pesados son Norton y Keaton sin ninguna duda, y en otras circunstancias serían
los dos fijos para el Oscar. Norton juega con su fama de ser difícil de trabajar, y juega muy bien con el temor de Mike Spiner de no funcionar fuera del escenario; sus obsesiones por vivir el proceso son de las cosas más divertidas que tiene la película.

Keaton, por su parte, tiene todo el triunfo asegurado así no gane el Oscar (eso irá casi seguro a Eddie Redmayne por La Teoría del Todo, donde interpreta a Stephen Hawking), pues demuestra lo genial que sus admiradores han dicho que es a lo largo de los años. Aunque nunca se ha quejado públicamente por cómo le pesa haber interpretado a Batman en las cintas de Tim Burton, es inevitable hacer las comparaciones, de modo que Keaton se aprovecha para mostrar esa lucha interna que deben tener en su gremio por aceptar un papel en un blockbuster vs. hacer cine por “arte”. En un aspecto clave Keaton derrota a Redmayne, y quién sabe si será suficiente para que logre triunfar en los Oscars, y es que creó un personaje complejo de la nada, en vez de construir algo con bases ya fundadas.

Junto con Boyhood –la otra peso pesada para los premios del 22 de febrero—es una cinta inusual, original y excelentemente hecha. Que ustedes necesitan ver, porque quizá así el “Negro” Iñárritu quiera seguir haciendo comedias.

¿Cómo? ¿Que su próxima es un drama de época con Leonardo di Caprio y Tom Hardy?
*suspiro* Olvídenlo…

Birdman se estrena en Venezuela el 20 de febrero en el circuito Gran Cine, protagonizada por Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts y Zach Galifianakis, bajo la dirección de Alejandro González Iñárritu.

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viernes, febrero 20, 2015

Camino al Oscar: Foxcatcher

Es muy, muy jodido vivir a la sombra de alguien cercano a ti, o sentir que no aprecian tus esfuerzos por lucirte en algo que amas. Puede ejercer fuerte presión sobre tu psiquis, en especial si todos tus esfuerzos terminan en vano. Puedes llegar a lastimarte a ti mismo o a los demás.

Esa es la premisa de la que parte Foxcatcher, la nueva cinta del director Bennett Miller (Capote, Moneyball), basada en el caso real que involucró al multimillonario John duPont y a los hermanos Dave y Mark Schultz, ganadores del oro en las Olimpíadas de 1984, cuyos mayores méritos son (a) haberle dado a Steve Carrell su primer papel dramático de peso (Dan In Real Life no cuenta) y (b) restaurar un poco más la fe que tenemos en Channing Tatum.

Mark Schultz (Tatum) está frustrado, pues tres años después que ganó la medalla de oro junto a su hermano Dave (Mark Ruffalo) aún no ha logrado el respeto que está seguro se merece. El hecho que su hermano parece haber logrado todo lo que él no ha podido –el respeto de la federación, el cariño y el respeto de sus compañeros, una esposa y dos hijos— no ayuda. Pero un día recibe un llamado que John duPont (Carrell), heredero de la más importante familia de la industria química del país, quiere reunirse con él, para que entrenen en su enorme propiedad (llamada Foxcatcher) para traerle el oro de vuelta a EEUU en las Olimpíadas de Seúl de 1988.

Hasta ahí todo va muy bien. Mark aprecia el apoyo que está recibiendo de John, a pesar de sus excentricidades y extrañas obsesiones. Cuando finalmente convence a Dave de venir a ayudar a entrenar al próximo equipo, el hermano mayor ve con preocupación tanto el comportamiento de John como la influencia que tiene sobre Mark, quien además está empezando a verse progresivamente más deprimido. Es una mezcla para una tragedia; la pregunta es quién saldrá más lastimado.

La primera palabra en la que pensé al salir de Foxcatcher fue “sombría”. La sola historia –contada a partir de un guión de E. Max Frye (Amos & Andrew) y Dan Futterman (Capote) — ya lo es, pero es la fotografía de Grieg Faser (Zero Dark Thirty) contribuye a todo el tono. La película es casi absolutamente carente de algo parecido a alegría, ni siquiera en momentos de triunfo, y vives sintiendo que algo malo va a pasar. Dave casi nunca sonríe, duPont sonríe apenas a medias y cuando hay una celebración se siente falsa.

Vean esta película sólo por las actuaciones, porque los tres se lucen. Sí, Carrell es casi irreconocible, aunque en parte es porque su enorme nariz prostética distrae un poco, pero se metió en el alma perturbada de John duPont a todo dar, y su nominación al Oscar está más que merecida (pero no es jamás la que dio Jim Carrey en Man In The Moon, lo siento; entonces, ¿qué tiene Carrell que Carrey no?); sin embargo, puede acusársele de ser si acaso de una sola nota, sin muchos matices. Tatum lo hace un poco mejor, haciendo de un hombre que a la vez trata de imponer una figura amenazante pero no se encuentra cómodo en su propio cuerpo, a raíz de sus propias inseguridades. Así que de acuerdo, el pana sabe actuar y no sólo como comediante. Aún no te perdono G.I. Joe, chamo, eso sí.

El ganador aquí es otra vez Ruffalo, para mí, un actor que consistentemente da buen trabajo en cuanta película aparece, ya sea una burda comedia romántica, dramas como The Normal Heart, una dramedia como The Kids Are Alright, extrañeces como Eternal Sunshine of the Spotless Mind o, sabes, The Avengers. Los refiero a una escena donde Dave debe destacar el trabajo de duPont en las instalaciones, y la mirada perturbada de Ruffalo, para ver por qué es tan buen actor. Dave sabe que lo que está diciendo es mentira, que todo es una farsa, y no soporta tener que seguirla, y Ruffalo transmite todo el dolor en sus ojos. Gracias a ello logró su segunda nominación al Oscar, y otra vez, más que merecida, y en un mundo donde no existieran ni J.K. Simmons ni Edward Norton, este sería su año.

¿Es una película que debería verse? Sin duda, pero a diferencia de las dos anteriores de Miller, no es una que volveré a ver, y su nominación como Mejor Director es de las incomprensibles de este año (sin que Foxcatcher fuera nominada a Mejor Película). Es digna por la actuación de sus protagonistas, y la historia, por trágica que pueda ser, es innegablemente fascinante. Háganse un favor: no googleen nada sobre ella, no busquen qué pasó en la vida real y véanla sin saber. Puede que la aprecien más.

Foxcatcher se estrena el 20 de febrero en Venezuela, y es protagonizada por Channing Tatum, Steve Carrell y Mark Ruffalo, bajo la dirección de Bennett Miller.

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jueves, febrero 19, 2015

Camino al Oscar: Whiplash

El novelista Albert Camus es famoso por haberle escrito una carta a su profesor de primaria cuando ganó el Nobel de Literatura en 1957, agradeciéndole su inspiración y su apoyo cuando empezaba en el mundo de la escritura. Ejemplos como este abundan en el mundo, de alumnos agradecidos con sus mentores de haberlos puesto en el camino correcto hacia la grandeza, siguiendo sus pasiones.

Creo que es sano asumir que Irwin Fletcher no recibirá ni una tarjeta de Navidad.

Fletcher, interpretado con aterradora genialidad por el favorito de este blog, J.K. Simmons, está al centro de Whiplash, el segundo largometraje del joven cineasta Damien Chazelle que arrasó el año pasado en Sundance y es la película más pequeña en recibir una nominación a Mejor Película en los Oscars de este año. Y en un mundo perfecto, tendría muchísima más oportunidad, pues es absolutamente electrizante y hecha con la precisión de… bueno, de una orquesta de jazz.

Andrew Neimann (Miles Teller) sólo tiene la grandeza en su mira. Quiere estar al nivel de los grandes bateristas de jazz del mundo, y nada menos que eso. Así que se inscribe en la academia de música más prestigiosa de Nueva York, donde choca de frente con Fletcher (Simmons), un instructor de jazz con complejo de sargento de entrenamiento salido de la más pura imaginación de George R.R. Martin.

Pero debajo de ese comportamiento obsesivo, hay un mensaje de inconformismo que hace de Whiplash mucho más que una mezcla de Bird con Full Metal Jacket. Andrew se dedica a perseguir sus sueños sin importar las consecuencias, sin mirar atrás, sin importar a quién lastimes, sin siquiera reconocer el efecto que pueda tener sobre su padre (Paul Reiser), ni siquiera sobre sí mismo. No estoy seguro si este es un estudio sobre la obsesión o cómo perseguir tus sueños, pero luego empiezo a pensar que puede que las dos no sean mutuamente excluyentes.

Ya hablaremos de Simmons en un momento, pero Teller no debe ser ignorado, pues esta es la película que lo hará una estrella, olvídense de Divergente (aunque su trabajo en Rabbit Hole no debería ser ignorado; y bueno, será el nuevo Señor Fantástico); nada mal para una experiencia casi exclusivamente llena de comedias juveniles. Un baterista desde los 15, Teller se va de tú a tú con Simmons a cada paso del camino, en un paralelo entre sus dos personajes: uno siente cada humillación, cada determinación, cada ampolla sangrante. Y cuando siente que se le quiere joder, uno sabe que no se va a dejar.

Excepto que Simmons se traga la película completa y la vuelve a escupir. En Oz demostró lo aterrador que puede ser; en Juno lo adorable que puede ser; en El Hombre Araña lo divertido. Fletcher es la unión de todos esos personajes, y muchas veces en el curso de una misma escena. Su cara de exasperación o falsa dulzura se transforma rápidamente en una pétrea faz de terror cuando te atreves a CAMBIAR EL TEMPO. No hay temor de confrontar al ofensor a gritos, sillas lanzadas o cachetadas. Y es que su filosofía es clara: “No hay dos palabras más dañinas en el idioma español que ‘buen trabajo’”.

Todo esto encerrado en un guión y una dirección de un chamo de 27 años (ahora tiene 30) que muestra mayor seguridad ante la cámara que algunos directores han mostrado en años. Sientes cada ampolla e Andrew, y cuando Fletcher se mete en tu cara, pues ahí está la cámara de Chazelle. La fotografía de Sharon Meir hace de una película hermosa en su simpleza, pero esa edición es un paralelo con el jazz (excelente banda sonora, por cierto) en sus rápidos altos y bajos.

Quizá lo que más asusta de Whiplash es que, luego de la última escena, uno piensa: ¿será que Fletcher tiene razón? ¿Será que necesitamos a alguien que nos puje hasta el final, si reconoce nuestro talento? ¿Dónde estaríamos si nos hubiéramos esforzado más?

Luego reaccionamos y decimos, “no, ni de vaina”.

Whiplash estrena en Venezuela el 13 de febrero en las salas del Circuito Gran Cine. Con Miles Teller, J. K. Simmons, Paul Reiser y Melissa Benoist. Dirigida por Damian Chazelle.


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jueves, enero 22, 2015

Camino al Oscar: American Sniper

La última película de renombre que tenía como centro a un soldado de la guerra de Irak, The Hurt Locker (ganadora a Mejor Película en 2010), sólo recaudó 17 millones de dólares en taquilla en su momento. Esto es para que pongan en perspectiva el hecho que American Sniper, la nueva película dirigida por Clint Eastwood, hizo 89 millones de dólares en su primer fin de semana. Por comparación, Guardianes de la Galaxia, la más taquillera de 2014, recaudó 94 millones cuando se estrenó en agosto. Decir que la historia de Chris Kyle, que además logró seis nominaciones al Oscar, es un éxito de taquilla, es quedarse corto.

Basada en la autobiografía del apodado “Leyenda”, la película cuenta cómo Kyle (interpretado por Bradley Cooper) llega al cuerpo élite SEAL con las ideas que su familia siempre le había inculcado: tú estás ahí para defender a tu familia, tus compañeros y tus ideales. En cuatro misiones en Irak, Kyle se convirtió en el francotirador más letal en la historia del ejército estadounidense, con 160 muertes confirmadas, todo mientras trataba de evitar a su equivalente iraquí, “Mustafá” (Sammy Sheik), y su esposa Taya (Sienna Miller) trata de lidiar con criar a su familia sola.

El repentino surgimiento de esta película en los Oscar, cuando ningún otro premio le había prestado mucha atención, habla muchísimo de la mentalidad de los miembros de la Academia, además que ya ha recibido grandes alabanzas de gente como el ex presidente Bill Clinton y el vicepresidente Joe Biden. Esta es una película que se ha visto como una gran alabanza al papel de los soldados estadounidenses en el mundo, el deseo que sean vistos como los grandes héroes del mundo en contra del mal. Y ese es el problema cuando te estás enfocando en un solo hombre: siempre va a haber alguna falla por algún lado.

Mientras que la inmensa mayoría considera a Chris Kyle un héroe, la película se siente mucho más como una película de super héroes más cercana a una historia de Batman que un retrato preciso de un ser humano. Mientras que muchos han visto que Kyle aseguraba en su libro que sólo hacía su trabajo, que sus blancos no eran seres humanos, lo que lo hacían ver como un asesino a sangre fría, Cooper lo interpreta como un idealista que decide echarse encima proteger a una nación cual Capitán América, quien hace su trabajo con eficiencia pero con conciencia. Si la amenaza con sus hermanos es un niño, una mujer o un anciano, pues hay que acabarlo. “Estoy dispuesto a responder ante el Creador por mis acciones”, dice en un punto. ¿Pero eso basta?

También está el problema de siempre a la hora de presentar el conflicto en Irak, donde los iraquíes siempre serán presentados como el brutal enemigo a vencer. Cada muerte que Kyle causa es prácticamente motivo de celebración (una de ellas arrancó aplausos en mi función), y habla de la forma en que la película… ¿manipula?... nuestra percepción del conflicto. Si tienes un problema con eso dependerá de tu posición respecto a la guerra y a la violencia; en mi caso no le vi mayor motivo de celebración pero también entiendo que ese, como ya se ha dicho harto, era su trabajo.

Con lo que tengo un mayor problema es cómo Eastwood y su guionista Jason Hall es cómo bailan alrededor del debate sobre las armas, tan prevalente en la actualidad. Todas las armas mostradas son usadas como deporte (cacería) o arma de guerra. Todas excepto la que quizá fue la más importante en la vida de Kyle, y decirles cuál fue sería un enorme spoiler, pero baste con decir que mostrarla habría traído un necesario equilibrio a la película. Otro baile se hace sobre muchos alegatos que Kyle hace en su libro, como que durante la crisis de Huracán Katrina habría subido a una torre con un compañero y empezó a dispararle a saqueadores armados. O sobre el incidente donde habría golpeado al ex luchador libre y ex gobernador de Minnesota, Jesse Ventura, quien lo demandó y está por recibir una gran cantidad de dinero por difamación.

No, Eastwood y Hall no quieren equilibrio. Quieren mostrarles cómo Chris Kyle era un patriota, un buen hombre (que por entrevistas con la gente que lo conocía, parecía que es cierto) y un buen soldado. Eastwood siempre con su mano pesada, que debe mostrarnos las cosas COMO SON, qué es eso de dejarnos sacar nuestras propias conclusiones. Porque cuando Taya le dice a Chris que está feliz de tener de vuelta a su esposo es porque es así, qué importa todo lo demás. Porque las vainas pueden salir mal hasta cuando tu esposa te está llamando desde EEUU para decirte que es un varón y te va a escuchar todo el tiroeto en el que estás metido. Porque es la guerra, hijo.

En lo que sí aplaudo la película es que finalmente presenta la posibilidad que esos soldados puedan regresar a casa y adaptarse a la vida civil de nuevo. La inmensa mayoría de las películas sobre la guerra de Irak muestran que, en mayor o menor medida, todos esos panas regresan con la cabeza hecha una estopa, imposibles de adaptarse a la vida normal. Chris Kyle pasa por eso y lo enfrenta de diversas maneras (uno en particular que, de nuevo, NO es mostrada), pero sí demuestra que es posible. Nuevamente, es parte del mito que hay en torno al soldado estadounidense, el que ya dejó atrás los traumas de Vietnam, que fue la guerra que EEUU siempre querrá olvidar, pero fue agradable ver una película sobre Irak que fuera tan condenadamente oscura.

Sin duda 98% de lo que hace que la película funcione es la actuación de Bradley Cooper, quien cumplió 40 años y se encaramó 40 kilos de músculo puro para la película. Y aun así, Kyle no es el típico machote sediento de sangre y pleitos, pero Cooper también se asegura de no dejar su personalidad sarcástica que tan bien le sirvió en comedias como The Wedding Crashers y la serie de The Hangover se asome. Puedes ver cuando está tratando de lidiar con las dudas, cuando está tratando de adaptarse. No es una actuación pretenciosa, sino sorprendentemente sutil, y Cooper tiene bien merecida su nominación al Oscar, su tercera en otros tantos años. Supongo que es el nuevo Tom Hanks: un actor cómico que se ha destacado en dramas. No ganará esta vez, pero será interesante ver a dónde irá su carrera después de esto.

En cuanta a las posibilidades de American Sniper de ganar Mejor Película… Miren, si fuera por puros méritos, ni de casualidad. Es buena, pero está lejos de ser un fenómeno artístico y de narración, más allá de su efectivo manejo de los momentos más tensos. Pero ha despertado un sentido patriótico en los estadounidenses que uno tiene que ser estadounidense para entender, y eso es un factor. Claro, hay reacciones bastante preocupantes sobre la película en Twitter (“no puedo esperar a ir a matar a malditos musulmanes”), pero quiero pensar que es una minoría. Dicho eso, por eso repentinamente se convirtió en una de las principales contendoras, mínimo a la par de viejas favoritas como Birdman y Boyhood y quizá hasta por encima de la que yo predigo que debería ganar, como es Selma. Porque son los Oscar, mis hijos: la política (de la Academia) y la idiosincrasia de los viejos carcamanes que la componen influyen tanto como el mérito artístico.

American Sniper (El Francotirador) estrena en Venezuela el 23 de enero, con Bradley Cooper y Sienna Miller, dirigida por Clint Eastwood. Clase B



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